El verbo bailar me cede una alta dosis de energía que
agitadamente invierto en su desarrollo. Mis piernas no flaquean en dicha
actividad, tampoco en ninguna otra que haya sido formulada con autonomía entre
el orden y el desorden de mi compleja cabeza. Su funcionamiento perspicaz varia
a disposición de mi estado de ánimo que, afortunadamente, oscila siempre entre
valores altamente positivos colmados de optimismo; Valor que exijo en mi
rutina. Su aplicación me regala numerosas teorías que en la práctica me obsequian
con grandes momentos. Los recuerdos de estos acompañan mi presente y sus
consejos construyen mi futuro. La auto exigencia define mis movimientos y la
capacidad de hacer y deshacer a mi antojo caracteriza mis mayores logros y mis
peores defectos. La aptitud de escribir lo que siento es heredada y la de
describir, sutilmente, lo que vivo es estudiada. El porqué de mis acciones sólo
lo conozco yo y la soledad que ello requiere me resulta enriquecedora. Ser una
sin dejar de ser doce es mi mejor ingenio y fabricar arte nuestro objetivo
cumplido. El fin de mis textos lo desconozco y por eso, sólo por eso, sigo
escribiendo…