DEL VERBO QUERER.

En los cuentos, si, en los felices, siempre hay un príncipe y una princesa. En el mío, ya sabes, tú. No os creáis que por haber presentado el cuento como feliz no tiene malos momentos... malos no, malísimos. Miedos, dudas, obstáculos pero... Si, justo eso, estrellas. Las estrellas. Guían cada paso. Tienen tantas formas... Consejos, miradas. Caricias y besos. Carcajadas, huidas, momentos. Detalles y versos. Canciones, guiones... Y lo mejor, por encima de todo, es que cuando menos te los esperas aparecen. De ti. Salen de dentro, del interior y calan. Calan como la lluvia, como los recuerdos. Como el beso en aquella avenida que curó las heridas. Como las noches, todas. Todas. Porque aunque el libro esté en blanco a partir de este momento, aunque no halla nada escrito, me sobra tinta, lapices, post-its. Me sobran ganas. Ganas de todo contigo, ganas de ti, ganas de tus manos. Ganas de más. Porque nada es demasiado, porque nunca es suficiente. Porque los cuentos se cumplen, porque si llega. Porque llegaste con tu sonrisa encantadora, dulce y cambiaste mi mundo. Y mis palabras, y mis letras. Y mis puntos y mis comas... Y si, claro que sí, cambiaste mi vida. Mi vida.